simbología inconsciente y astrología científica

El misticismo puede ser entendido como uno de los peldaños más elevados de la evolución de la conciencia. Y así me gusta entenderlo, como un límite en la evolución de la conciencia. El hermano David Steindl-Rast (1993), un erudito monje benedictino, ha expresado esta misma idea en otro lugar.

José Antonio Delgado González, Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad Europea de Madrid,  c/ Nueva n° 4, 28400 Collado Villalba, Madrid, España. Correo electrónico: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.


DISENSIONES PRELIMINARES

El misticismo puede ser entendido como uno de los peldaños más elevados de la evolución de la conciencia. Y así me gusta entenderlo, como un límite en la evolución de la conciencia. El hermano David Steindl-Rast (1993), un erudito monje benedictino, ha expresado esta misma idea en otro lugar. Al hablar de misticismo me interesa apuntar a la propia experiencia de comunión con Dios, experiencia que se halla en el corazón de toda religión.

De la definición apuntada se desprende que el misticismo es, en primera instancia, una experiencia, una vivencia. Pero, ¿vivencia o experiencia de qué? Pues bien, la experiencia mística es uno de aquellos momentos cumbre en los que nos sentimos uno con Todo. En general, estamos aislados del resto de los seres, separados, divididos e incluso solos. Sin embargo, en esos momentos cumbre uno se siente identificado con toda manifestación de vida, dado que la vida misma se siente con todo su fulgor. Los árboles, las plantas, las montañas, los animales, todos nuestros semejantes y, hasta el propio Universo son sentidos como pertenecientes a uno mismo y uno mismo se pierde en la inmensidad del Todo, del cual forma parte. Permítanme que les muestre un fragmento de un poema que una vez escribí relacionado con mi propia experiencia mística:

Sea cual fuere la obra a representar,
tú eres y seguirás siendo,
por siempre,
la imagen divina del transcurso celestial,
fantasma proveniente del más frondoso floral,
del Divino Vergel
del que emerge el más sublime caudal
de energía vital.

De donde tiene origen el Todo
y a donde converge todo
;
irreal, cual imagen fantástica,
real, cual el ripario fluir de las aguas.

Steindl-Rast (1993) afirma también que esta experiencia es la esencia de todas las religiones y la diversidad nace de las múltiples interpretaciones de dicha vivencia. Yo creo que cada interpretación y, por ende, cada religión es enriquecedora. Cada interpretación es un punto de vista diferente y, por lo tanto, una aportación inestimable al conocimiento de la inexpugnable, de la inaprehensible, de la misteriosa esencia de la vida.

El artículo que a continuación les presento es un intento, ustedes valorarán si afortunado o no, de explicación científica, si tal cosa puede hacerse, de una experiencia mística. En él, trato de utilizar la ciencia como herramienta para el estudio, análisis y explicación de una manifestación espiritual, hasta donde la ciencia permite llegar. Sin embargo, lo verdaderamente importante no es la explicación en sí, sino que dicha explicación resuene en sus adentros y conecte con el místico que cada uno de ustedes es. De lo contrario, nada de lo que se diga podrá ser comprendido y, por lo tanto y aún con mayor motivo, tampoco compartido. De hecho, sólo quien haya sufrido una transformación interior estará en condiciones de entender lo que aquí se trata de explicar, con las mayores de las dificultades para el intelecto, dado que éste último trata con una vivencia expresada y expresable por mediación del símbolo. Y, por ende, todo intento de explicación sobreexige al pensamiento, que aún con sus mayores esfuerzos y su diferenciación más excelsa no logrará plasmar más que leves pinceladas parciales de tamaño acontecimiento.

El artículo como tal, reviste una sempiterna experiencia humana con los ropajes conceptuales de los resultados de algunas investigaciones modernas, dejando abierto el camino -así lo espero y deseo- a futuros estudios.

Introducción

En su libro "La interpretación de la naturaleza y la psique", Jung (1994) estableció la existencia de un principio que denominó sincronicidad, con el que pretendía explicar ciertos casos extraordinarios imposibles de comprender desde la óptica de la causalidad.

Por sincronicidad Jung entiende "la manifestación de una coincidencia significativa en el tiempo", pudiendo ésta adoptar tres formas distintas:

1. La coincidencia de un contenido psíquico con un proceso objetivo que se percibe ocurriendo simultáneamente.

2. La coincidencia de un estado psíquico subjetivo con un sueño o visión que, posteriormente, resulta ser un reflejo más o menos fiel de un hecho objetivo, sincronístico, que aconteció más o menos en simultaneidad, pero a distancia.

3. La coincidencia de un estado psíquico subjetivo con un sueño o visión que después resulta ser un reflejo más o menos fiel de un hecho objetivo representado en el presente, pero que sucede en el futuro.

Al estudiar la sincronicidad en un experimento astrológico, Jung observa la dificultad de establecer resultados concluyentes, sin llegar, por tanto, a ninguna conclusión efectiva. De esa manera, dejó el campo abierto a futuras investigaciones.

No obstante esto, el mismo Jung afirmó la posibilidad de una explicación causal de la influencia astrológica en los seres vivos, aunque no pudo establecerla por falta de certeza empírica suficiente.

Sin embargo, los inesperados paralelismos entre la psicología analítica y la microfísica, le llevaron a sugerir una posible y definitiva unicidad entre la física y la psicología. Esta unidad psico-física de todos los fenómenos del Universo la denominó unus mundi, preparando el camino de la unificación al señalar el aspecto psicoide del arquetipo. Es decir, el arquetipo no sería una simple pauta de conducta del organismo vivo, sino que, también, muestra un aspecto casi material. Dicho de otro modo, los arquetipos tienden a manifestarse en un "arreglo" sincronístico que incluye, a la vez, a la psique y a la materia (von Franz, 1995).

Las investigaciones más recientes en el ámbito de la física moderna han constatado estas sugerencias intuitivas y, a su vez, han puesto en evidencia la increíble analogía entre el mundo de la microfísica (microcosmos) y el del universo (macrocosmos). Esto nos lleva a considerar el estudio de la Astrología desde una óptica totalmente nueva, para verter sus fundamentos intuitivos, de carácter simbólico, dentro de los moldes conceptuales de la ciencia moderna. De esta manera, como se verá a continuación, la relación causal entre los diferentes entes del universo tiene lugar a un nivel más o menos superficial, mientras que, el análisis profundo de la esencia de la materia nos lleva a concluir la existencia de aquel unus mundi que Jung (1995), tomándolo prestado de las ideas escolásticas medievales, sugiriera, en el que se presentan relaciones de significación o "conexión cuántica" de todos los aspectos, elementos y fenómenos del universo. En otras palabras, el universo, observado sub specie aeternitatis, no puede explicarse desde la óptica mecanicista newtoniana, sino, antes bien, desde una perspectiva organicista.

Postulados fundamentales de la Astrología

La visión del mundo detentada por la astrología, según la cual existe una interdependencia de todos los entes del universo, se basa en tres postulados fundamentales que permiten comprender la importancia del horóscopo o carta natal:

1. La unidad orgánica del Cosmos. Para la astrología el universo no es una máquina constituida por partes que actúan según unas leyes preestablecidas. El universo es visto como un organismo o un sistema vivo en el que se establecen relaciones de interdependencia entre los elementos que lo conforman. Es decir, el estudio del universo se enfoca de manera análoga a como lo hace Lovelocke con Gaia. Todos los organismos son, según esto, un microcosmos en pequeño.

2. La parte representa al Todo. El mundo está gobernado por una única fuente de energía y, el hombre, subordinado y confinado por el incesante movimiento de las fuerzas cósmicas, representa al mundo en sí mismo. El hombre contiene todos los atributos del universo, porque proviene del universo. Dichos atributos están concentrados en los seres humanos, de la misma forma que una célula posee toda la información del organismo entero en su ADN. El hombre, un cosmos en pequeño, representa o es un reflejo del cosmos entero, del macrocosmos. Si la parte es semejante al todo es posible entender el Todo examinando sus partes, de la misma forma que los sistemas pueden ser estudiados examinando una pequeña porción de los mismos. Dicho de otro modo, todos los elementos del Universo son imágenes fractales del macrocosmos. La astrología emplea el estudio de las unidades cósmicas de medida para comprender la personalidad humana.

3. La parte es interdependiente del Todo. Esta interdependencia puede ser descrita atendiendo al principio de sincronicidad. Los movimientos planetarios coinciden significativamente con los ciclos, movimientos y fantasmas de los seres humanos (y de todo ser vivo).

1. El cosmos como organismo

Las investigaciones llevadas a cabo por el Dr. Fidelsberger (1985) permiten explicar los postulados de la astrología en términos científicos. Los resultados de las mencionadas investigaciones apuntan al cinturón de Van allen y a su estudio como fuente fundamental para la comprensión de la moderna astrología científica.

En 1957 y 1958, gracias a la puesta en órbita de satélites (la serie Explorer), se pudo descubrir, observar y describir la existencia de dos cinturones de radiación (cinturones de Van allen) generados por una corriente de protones y electrones.

La radiación de alta frecuencia, muy energética, desintegra los neutrones de las capas altas de la atmósfera, lo que produce la carga del cinturón interior, mientras que el exterior fluctúa con la actividad solar.

Skiridin (1971) advirtió que la estructura de los sectores del campo magnético interplanetario están compuestos por campos magnéticos congelados de la atmósfera solar. Asimismo, se refirió a los efectos recíprocos entre el viento solar y los campos magnéticos de la tierra. Estos campos tienen un alcance de hasta diez radios solares, del lado diurno, llegándose a triplicar esta medida para el lado nocturno.

Por otro lado, los límites externos de la esfera magnética terrestre se hallan sometidos a enormes oscilaciones, como consecuencia de las tormentas magnéticas. Hoy podemos comprobar que en nuestro sistema solar se producen efectos recíprocos directos entre los cuerpos celestes que, a su vez, se manifiestan en las oscilaciones de los campos magnéticos.

El eje magnético terrestre sufre, pues, cambios circadianos asombrosos. Los polos magnéticos terrestres se desplazan diariamente a distancias de muchos kilómetros, lo que modifica simultáneamente el íntegro campo magnético de la superficie terrestre. Dichas modificaciones son registradas en las denominadas "efemérides magnéticas terrestres". Ahora bien, debo llamar la atención al lector para recordarle que, estos cambios en los polos magnéticos terrestres, están correlacionados con los cambios en el campo electromagnético generado por los cinturones de la "magnetosfera". Así pues, el campo magnético de la superficie terrestre y la esfera magnética que envuelve a la Tierra forman una unidad funcional.

La teoría de la relatividad nos dice que el espacio y el tiempo no son entidades separadas e independientes, sino que forman un continuum espacio-tiempo, del que participan todos los procesos y acontecimientos del universo. Este continuum espacio-tiempo tiene propiedades geométricas (puede curvarse) que se manifiestan en fenómenos como la gravedad.

Asimismo, en su "teoría del campo unificado" Einstein (1984) propuso que la prima esencia del universo no son las partículas, sino los campos. Estos campos podrían moverse o desplazarse por el espacio, a manera de pulsaciones del espacio-tiempo. Apoyándose en las investigaciones de Einstein, Fidelsberger (1985) afirma que el sistema solar es un enorme campo de fuerza electromagnético único, sometido a las leyes de la gravedad. Al desplazarse constantemente en sus respectivas órbitas, los cuerpos celestres del sistema solar modifican el campo de fuerza electromagnético de todo el sistema. Y estas oscilaciones van acompañadas por sus correspondientes modificaciones en la esfera magnética terrestre, comprobables por la oscilación del eje magnético terrestre.

Las influencias de los campos electromagnéticos en los procesos vitales

Norbert Wiener (1967), padre de la Cibernética, estableció los mecanismos que regían la transmisión de información en los sistemas de control. La idea que subyace al concepto de información no es nueva. De hecho, el viejo concepto de forma, de gran tradición filosófica, podría ser equivalente al de información. De esta manera, la información es un añadido a la materia, a la cual configura o da forma.

Se ha comprobado que los campos electromagnéticos son "portadores de información", de tal suerte que la modificación de los mismos lleva aparejado un cambio en el contenido de la información portada (Fidelsberger, 1985).

Pressman (1968) manifiesta que las reacciones experimentadas por los organismos, sea cual fuere su tipología, debidas a los campos electromagnéticos débiles de diferente frecuencia, así como a los de frecuencia continua, han sido, en su mayoría, anomalías en la regulación de los procesos de la actividad vital. La base de estas influencias reside en los efectos informativos entre los campos electromagnéticos del mundo circundante y los sistemas vivos. Pressman señala que existe una relación directa entre el aumento y recrudecimiento de enfermedades cardíacas y psico-somáticas en aquellos períodos de tormentas magnéticas. A este respecto, Jung (1994) ya advertía la correlación existente entre la curva de mortalidad y los períodos de manchas solares o máxima actividad solar.

La dispersión temporal

El efecto de los campos electromagnéticos sobre los seres vivos es muy claro en este mecanismo de adaptación que ciertos organismos han adoptado, con objeto de que sus descendientes encuentren un ambiente óptimo para su desarrollo.

La dispersión temporal requiere de un reajuste del metabolismo del organismo, ya sea este una planta, una semilla, una diáspora o un animal. Se conocen dos tipos de dispersiones temporales:

Dispersión consecuente: Es aquella que se produce como respuesta directa a los cambios ambientales. La hibernación del oso es el ejemplo más típico.

Dispersión profética: Este tipo de dispersión está relaciona con los cambios en los campos electromagnéticos, entre otros.

A los efectos de esta investigación, la dispersión profética es la que tiene mayor importancia. Cuando las condiciones ambientales resultan desfavorables para el desarrollo de la progenie, ciertos organismos disminuyen su metabolismo y se preparan para entrar en un período de latencia. Pero apenas cambian las condiciones, su metabolismo se acelera para salir de la etapa de latencia. El fenómeno descrito es equiparable a las modificaciones conductuales de ciertos animales, como consecuencia de las ondas electromagnéticas que se generan en la zona de influencia de los movimientos sísmicos. Las semillas "saben" cuando deben florecer tras un largo período en estado de latencia y los animales ajustan o adaptan su metabolismo a los cambios que se producen en el ambiente. La información que les llega activa su sistema inmunológico y su metabolismo basal, acelerándolo o retardándolo según lo requieran las circunstancias (y, por lo tanto, según la información que les llegue). Este mecanismo está regulado por un cambio en las horas de luz y una modificación de la temperatura.

Las avispas y otros insectos sociales reaccionan en cuanto se presentan los primeros fríos a finales de la estación otoñal, almacenando glicerina en sus células. Si, de forma impredecible, se presentara una helada, todo el cuerpo, desde hace ya tiempo, está preparado para el invierno, por lo que no se produciría una congelación del organismo, haciendo viable su supervivencia. Este hecho se basa en la reacción del organismo frente a los estímulos que provienen del medio ambiente. Y este mecanismo está controlado genéticamente (Fidelsberger, 1985).

Por su parte, el fisiólogo ruso Anochin (1971) ha demostrado la existencia de una memoria del continuo espacio-tiempo en las células cerebrales de los seres vivos. Así, este fisiólogo afirma que las neuronas tienen la facultad de concebir, en cortos intervalos de tiempo, fenómenos y sucesos que acaecen a nivel de todo el planeta terrestre. Esto es posible, sostiene, gracias a los procesos moleculares de las neuronas, que son capaces de recibir y reflejar las medidas del Universo, con la ayuda de los procesos que se efectúan en los órganos sensoriales.

Esta última aportación nos permite explicar el fenómeno de la dispersión temporal como sigue: un ser vivo es influido por un estímulo procedente del medio ambiente. Este estímulo, nada intenso, es receptado por algunas células de su organismo. En él se producen, a continuación, determinadas muestras de reacción que conducen a procesos químicos. El estímulo puede ser un aumento o disminución de la temperatura, o bien, una oscilación electromagnética, como un exceso o defecto de luz.

En el caso del hombre, por supuesto, rige el mismo proceso. Sin embargo, este proceso puede llegar a ser consciente. Por lo tanto, el fenómeno puede expresarse de la siguiente manera: el organismo humano, como todo ser vivo, es un sistema cibernético en el cual las informaciones procedentes del ambiente parecen activar su función energética, que se concreta en la forma del símbolo o arquetipo actualizado o constelado. Dicho de otro modo, la información procedente del ambiente (incluyendo el Universo) es registrada por lo inconsciente, que constela un arquetipo, lo que permite la aprehensión consciente de dicha información y, por ende, de la actividad psicoenergética excitada en el trasfondo de lo inconsciente. Una vez perceptible y accesible a la conciencia, la información ha de ser decodificada con el propósito de que el yo consciente la integre. Esta integración, activa el sistema de defensa del organismo contra eventuales problemas psico-somáticos y lo prepara para hacer frente a la nueva situación, manteniendo una constancia en sus funciones y actividades una vez equilibradas (homeostasis). Este equilibrio de funciones y actividades ejercen una influencia en la psique a modo de "biofeedback". Volveremos sobre ello más adelante.

Resumiendo, la información proveniente de los campos electromagnéticos es percibida por lo inconsciente. Este manifiesta dicha información en forma de símbolos, que se hacen visibles o perceptibles a la conciencia. Una vez "decodificada" la información simbólica por la conciencia, se hace patente el contenido de la información original y, por lo tanto, la dirección por la cual la libido se ve más inclinada a discurrir. Este desciframiento del mensaje enviado por lo inconsciente permite actuar conforme a las reglas inherentes al Si-mismo y, por ende, a las de todo el Universo.

2. La parte es un reflejo del todo

De acuerdo con las investigaciones más recientes, hoy sabemos de la existencia de una memoria exosomática. Hasta hace poco tiempo se pensaba que toda la información del funcionamiento de un organismo se encontraba condensada en la molécula de DNA. La técnica del DNA recombinante ha permitido conocer más en profundidad el código genético y, de hecho, ya se ha descifrado el genoma humano. Sin embargo, que la estructura y funcionamiento de un organismo pueda ser explicada íntegramente basándose en términos del código genético es sólo una hipótesis y no una teoría establecida.

Campos mórficos y resonancia mórfica

El Dr. Burr (1972) sugiere la existencia de campos electromagnéticos que organizan la estructura de los seres vivientes, a los que denominó campos L. Según el autor, estos campos electrodinámicos están determinados en parte por los componentes atómicos físico-químicos del organismo y, a su vez, determinan el comportamiento y orientación de esos componentes. Es decir, determina y es determinado por los componentes del organismo. La naturaleza de dicho campo es electromagnética.

Estas ideas han sido ampliamente desarrolladas por Shaldrake (1989), quien ha sugerido la existencia de patrones de información activa en la naturaleza, a los que denominó campos mórficos. De conformidad con sus investigaciones, los campos mórficos dirigen la formación de estructuras vivas y el comportamiento de los seres vivos, pues las reacciones de los animales siguen un patrón regido por estos campos.

La comprobación de la rapidez y efectividad que resulta de cristalizaciones de compuestos químicos tras la repetición, ha llevado al autor a proponer la existencia de una memoria exosomática. Asimismo, comprobó que si una población de ratas aprende ciertas pautas de conducta, resultaba menos costoso que todas las ratas aprendieran el mismo comportamiento. En este sentido, creemos poder postular que la información que las primeras ratas adquieren tras un alto coste energético es aprendida por ratas separadas en el espacio y en el tiempo, con un gasto de energía mucho menor, lo que aumenta la eficiencia en la incorporación de "nueva" información. Esto se fundamentaría en lo que Sheldrake denominó "hábitos" de la naturaleza. El autor postula que la naturaleza se rige menos por leyes universales que por hábitos, adquiridos por repetición de los mismos. Esto es, a mayor número de cristalizaciones previas, con mayor facilidad y rapidez acontecerán en el futuro sucesivas cristalizaciones. Y la resonancia mórfica radica precisamente en la influencia de lo semejante a través del espacio y del tiempo. En nuestra opinión, coincidente con la expresada por Peat (1995), la hipótesis de la resonancia mórfica así formulada, no resulta muy convincente. Se podría expresar, más bien, diciendo que incluso los elementos y aspectos más simples de la materia, albergan un nivel estructural microscópico muy complejo y, asociado a él, un campo mórfico que contiene información extensible a todo el medio ambiente. Asimismo, a partir de las ideas expuestas anteriormente, sugerimos que las cristalizaciones, así como el aprendizaje de las ratas y otros animales se ve modificada por las correspondientes oscilaciones en los campos electromagnéticos terrestres, dado que suponen la modificación de la información que portan.

La información y el orden implicado

La idea de que la información ejerce un efecto formativo o activo sobre las estructuras materiales ha sido investigada recientemente por el físico Bohm (1998). Además del campo electromagnético normal, la hipótesis de Bohm postula la existencia de un potencial cuántico. Este potencial, a diferencia de las otras fuerzas de la naturaleza, es sutil y no depende de la distancia. De este modo, incluso los cuerpos que se encuentran a una distancia remota de una partícula, pueden ejercer un efecto sobre esta. La acción del potencial cuántico se parece a la de una onda guía, de manera tal que porta información que afecta al movimiento de la partícula. Esta información portada ejerce una influencia formativa activa, de manera tal que una partícula individual está vinculada al universo entero por mediación del potencial cuántico. Por su parte, la partícula habrá de tener una estructura interna muy compleja que permita responder a la información portada por el potencial cuántico. En cierto modo, el campo mórfico descrito anteriormente es análogo al potencial cuántico de Bohm, en el sentido de su actuación como guía sobre los procesos de desarrollo de un organismo, con independencia de la distancia. Y, como el propio Sheldrake señala, su concepto se asemeja mucho a los arquetipos de Jung.


El holograma

Un holograma es una imagen tridimensional obtenida tras la interacción de un rayo láser en una placa fotográfica especial. Lo más relevante de las imágenes holográmicas lo encontramos en que al realizar una incisión en la misma, se generan dos hologramas que contienen idéntica información, es decir, en ambos casos la imagen es completa. Si continuamos dividiendo el holograma hasta el infinito, hipotéticamente cada fragmento diferencial contendría la misma información que el resto y éste, a su vez, la misma información que de partida, recordando lo que acontece con los imanes al tratar de dividirlos. Por lo tanto, cada fragmento del holograma original posee información extensible a todas y cada una de sus partes y, asimismo, cada parte contiene la información del todo, es decir, la imagen completa (Talbot, 1995; Bohm, 1998).

Una de las características fundamentales de las imágenes holográmicas es su capacidad de almacenaje de información (memoria) y su capacidad de recuperación de dicha información. Asimismo, la técnica holográfica permite sintetizar imágenes nuevas de objetos inexistentes, combinando diversos fragmentos aislados de la información suministrada.

El hecho de que la imagen holográmica se forme gracias a las pautas de interferencia de las ondas electromagnéticas, resulta sumamente interesante a los efectos de la presente investigación. De la interferencia electromagnética grabada en la placa se reconstruye la imagen tridimensional del objeto original. Este proceso es semejante al que acontece en la psique inconsciente (Grof, 1998).

Un modelo holográfico del cerebro

Otra importante contribución a los efectos de la información sobre los seres vivos la encontramos en las recientes investigaciones de la neurofisiología.

Varela (1994) afirma que, en los procesos neuronales, las perturbaciones que llegan del medio ambiente son informadas de acuerdo con las coherencias internas del sistema nervioso. La retina proyecta al cerebro las ondas electromagnéticas recibidas en diferentes lugares, incluyendo el tálamo y el denominado núcleo geniculado lateral (NGL). El NGL se describe como una estación de relevo del córtex. Sin embargo, observado más detenidamente, la mayoría de lo que reciben las neuronas del NGL no procede de la retina (de ella sólo un 20 % llega a las neuronas) , sino de otros centros del cerebro, incluido el córtex visual, el colículo superior, el hipotálamo y la formación reticular.

En este mismo orden de ideas, el neurofisiólogo Pribram (1971) ha establecido una hipótesis holográfica del cerebro. Según Pribram, además de la transferencia habitual de los impulsos nerviosos, entre el SNC y los receptores periféricos, observó la presencia de un potencial bajo entre las sinapsis, incluso en ausencia de impulsos nerviosos. El origen de este potencial se halla en las células con abundantes dendritas y de axones cortos o inexistentes. Estos bajos potenciales actúan de un modo gradual y son de ondulación continua, mientras que los impulsos nerviosos operan conectándose y desconectándose. Este "procesamiento en paralelo" es de la máxima importancia para el funcionamiento holográfico del cerebro. La interacción entre ambos sistemas (impulsos nerviosos y potenciales continuos entre sinapsis) produce el fenómeno ondulatorio que sigue los principios holográmicos descritos.

3. La totalidad indivisa del Universo

En los apartados anteriores, se ha demostrado la existencia de relaciones causales entre las diversas partes del Universo. De esta manera, se ha podido establecer, sin demasiadas dificultades, los efectos que los campos (en este caso, electromagnéticos) tienen sobre las estructuras vivas, debidos a la información que dichos campos portan.

Sin embargo, la astrología psicológica (Sasportas, 1990 y Green, 1987, entre otros) establece la existencia de una coincidencia significativa de enormes proporciones, entre los procesos que acontecen en la psique del ser humano y los movimientos planetarios. Este "arreglo" de sucesos objetivos y subjetivos, que acontecen a distancia espacial remota y cuya conexión es significativa, parece contradecirse con los precedentes resultados.

Ahora bien, al igual que sucede con los conceptos básicos de la teoría de la relatividad y la teoría cuántica, los supuestos de la sincronicidad y los efectos formativos de la información activa portada por los campos electromagnéticos son incompatibles. La sincronicidad requiere de a-temporalidad, a-causalidad y no localidad. Por su parte, los efectos informativos precisan de causalidad, temporalidad y efectos más o menos localizados. Para resolver esta contradicción aparente seguiremos la sugerencia de Bohm (1998) y consideraremos el punto en común de ambos planteamientos. El punto en el que ambas hipótesis confluyen es en el de la totalidad indivisa.

Wheeler (1967), se refiere a la totalidad indivisa del universo como a un "superespacio" compuesto por un mar turbulento de burbujas. Los continuos cambios en la estructura del tejido espacio-tiempo (superespacio) son los que producen las fluctuaciones cuánticas. Dicho de otro modo, los campos (se cual fuere su tipología) son manifestaciones de la combadura del espacio-tiempo.

Sarfati (1975) imagina esa totalidad como un turbulento mar de miniagujeros blancos y negros giratorios, que aparecen y desaparecen continuamente, generando oscilaciones que actuarían sobre la estructura espacio-temporal del universo, dando lugar a ciertos patrones ondulatorios. Estas ondulaciones serían lo que se detecta como partículas subatómicas. De la interacción de dichos patrones se irían generando, sucesivamente, los átomos, las moléculas y, en última instancia, la substancia del mundo material.

Estas hipótesis sugieren que la materia y el vacío (el tejido cuatridimensional del espacio-tiempo) son la misma cosa. Los bloques básicos de construcción de la materia no son objetos que podamos aprehender. Sólo mediante abstracciones mentales es posible tener alguna somera idea de qué sea aquello que constituye a la materia.

Wheeler (1967) propone la existencia de pasadizos o puentes "intercomunicantes" que atraviesan el tejido espacio-tiempo y que permiten conectar dos regiones diferentes del espacio tridimensional. Estos pasadizos son como agujeros en el espacio. Entre cada fluctuación cuántica del espacio-tiempo se crean y se destruyen constantemente estructuras, resonando entre la destrucción de una estructura y la construcción de otra. Los pasadizos del superespacio de Wheeler crean una "interconexión cuántica" en la que cada punto del espacio está conectado al resto de puntos que lo componen. Es importante señalar que, en el propio pasadizo, la estructura espacial (y temporal) es inexistente.

Bohm (1998) sugiere la necesidad de definir una nueva noción de orden. A este nuevo orden lo denomina implicado (del latín implicare que significa "doblar" o "plegar hacia dentro") dado que, según el autor, en el orden implicado todo se halla plegado en todo, como ya se ha mencionado. Y lo contrapone al orden explicado, en el que cada cosa está desplegada, en el sentido de que está localizada en una posición y ocupa un espacio determinados, fuera de las regiones que pertenecen al resto.

Para ilustrar la noción de orden implicado y explicado, Bohm recurre a la noción de holograma, que ya hemos descrito. Así, el orden implicado correspondería a las pautas de interferencia de las ondas electromagnéticas grabadas en la placa fotográfica. El orden explicado o desplegado sería la imagen del objeto tras la incidencia de las ondas electromagnéticas sobre el patrón de ondas grabado en la placa. Otro ejemplo, también expuesto por Bohm, sería el de una emisora de televisión que emite una determinada imagen plegada en ondas de radio, que transportan la imagen en un orden implicado. Estas ondas de radio, al llegar a nuestro aparato receptor son desplegadas en forma de imágenes, que es lo que observamos en la pantalla de nuestro televisor.

Esta nueva noción de orden implicado es aplicable, según el autor, a toda la realidad, siendo válida no sólo para la materia, sino también para la mente y la sociedad. A la totalidad de ese movimiento de plegamiento y despliegue continuo, Bohm lo denomina holomovimiento. Su propuesta es que lo realmente existente es el holomovimiento y todo lo demás ha de ser comprendido como formas derivadas de este holomovimiento.

Peat (1995), desarrollando aún más la idea del holomovimiento de Bohm, sugiere la existencia de niveles plegados más profundos e incluso más sutiles de organización. De un modo semejante a lo que sucede en el inconsciente, Peat postula la existencia de niveles de órdenes implicados cada vez más profundos, de tal manera que las estructuras explicadas derivarían del holomovimiento de un primer nivel plegado que, a su vez, es conformado por un segundo orden implicado. Pero las estructuras desplegadas informarían al segundo orden implicado que, a su vez, da forma al primer orden implicado. Esto le lleva a afirmar que, en cierto sentido, el universo entero se encuentra plegado en cada región del espacio.

Por lo tanto, creemos que la naturaleza de la realidad puede estudiarse partiendo de las estructuras del orden explicado, para dirigirse hacia el orden implicado y viceversa. Y del estudio del macrocosmos se puede extraer información de lo que acontece en el microcosmos y viceversa, pues ambos son imágenes especulares el uno del otro.

Aquí llegamos a una descripción de la realidad análoga a la que formuló Jung cuando habló del unus mundi, dentro del cual la materia y la psique estarían unidas en una única realidad. El estudio de los arquetipos como aspectos psicoides, es decir, cuasi-psíquicos o psíquicos y materiales, que aparecen en un suceso sincronístico, pues tal suceso es un arreglo significativo de hechos psíquicos interiores (implicados) y hechos externos (explicados), es de la mayor importancia. Y es a este nivel que podemos hablar de eventos sincronísticos y de sincronicidades. Los primeros siempre ocurren, con independencia de que seamos o no conscientes de ello. Estos eventos atraviesan nuestras vidas, por decirlo así, en series de arreglos sincronísticos, pudiéndose acceder al conocimiento de la serie que en un período determinado acontece en sincronicidad con nuestras transformaciones libidinales subjetivas, por mediación de la interpretación de los símbolos que produce lo inconsciente y los eventos sincronísticos observables. Así, se transforman en experiencias de sincronicidad cuando somos conscientes de su coincidencia significativa.

Biocibernética-Quántica holográmica

Como resultado de una afortunada coincidencia significativa supe de la existencia de una nueva medicina, cuyos fundamentos coincidían con las investigaciones de la astrología, permitiéndome cimentar, sobre una base firme, algunas de las afirmaciones que se han realizado a lo largo del presente trabajo.

La Bio-cibergética quántica holográmica (BCQH) es una disciplina médica sumamente novedosa que se basa en los descubrimientos provenientes de la cibernética, de la física cuántica y de la teoría holográmica.

Las investigaciones de dicha disciplina terapéutica han puesto en evidencia que el sistema psico-somático emite una radiación pulsante (que se expande y se contrae constantemente) que sale del sistema, siendo recuperada inmediatamente. Dicha bio-información radiante procede del área anatómica del cerebelo y se proyecta al exterior del cuerpo, siendo una imagen del estado psico-somático de todo el sistema. Dado que la radiación no procede del cerebelo sensu estricto, han denominado a la fuente de dicha radiación como núcleo bio-cibernético del holograma. Las fugas de información en un individuo desequilibrado le permiten al bio-cibernetista corregirlas, interponiendo una imagen analógica del mismo modelo de información fugada pero en perfecto equilibrio. Esta imagen interpuesta contiene la información que genera todo acontecimiento o manifestación del Universo y, por consiguiente, también la vida. Al realizar esto, se produce una respuesta retroactiva en el sistema de recepción de la información (el núcleo bio-cibernético del holograma) que repercute en el sistema psíquico y en el propio cuerpo, a modo de homeostasis.

Por lo tanto, los seres vivos emiten bio-información al ambiente y, a su vez, son capaces de registrar la información proveniente de la biosfera y, en último término, del Universo. Dicha información es emitida por todo ser vivo, siendo ésta idéntica a la generada por todos los fenómenos del Universo (Ribalta i Puig, 1998). Los fundamentos sobre los que reposa dicho sistema psicoterapéutico son los mismos que rigen para la Astrología científica o psicológica.

Asimismo, los bio-cibernetistas dividen la bio-radiación pulsante en dos niveles. El primer nivel es el proveniente del área anatómica del cerebelo, tal y como se ha descrito, tratándose de la información psico-somática global u holograma individual de la persona. La bio-información del segundo nivel es la que procede de todas las partes y aspectos que componen al organismo. Cada órgano, tejido y célula emite su radiación particular, que le distingue. La información procedente de este nivel responde a los estímulos del primer nivel, pero en sí mismo carece de la bio-información de todo el sistema psíquico.

La información proveniente del primer nivel es una imagen fractal o una mónada de todo el universo. Las ondas emitidas son de forma arquetípica y se manifiesta en ella la misma dualidad que estructura al universo.

De la misma forma que un receptor de radio reconoce las ondas electromagnéticas análogas a su propio "sistema captador", emitidas por una fuente determinada, nuestro sistema psico-somático, inconscientemente, sintoniza con señales que puedan ser análogas a su misma naturaleza.

Llegados a este punto, podemos formular la siguiente hipótesis: la información portada por las oscilaciones del campo electromagnético, como consecuencia de los movimientos planetarios, es captada por lo inconsciente y ejerce una influencia sobre éste. El inconsciente genera una imagen o visión en el ser humano que posibilita la aprehensión consciente de dicha información y, por ende, la actividad psicoenergética activada en el trasfondo de lo inconsciente. No obstante, es menester precisar que esta información es recibida de forma diferente en distintos individuos, por la sencilla razón de que la estructura del sistema psico-somático es individual (diferentes receptores y, por ende, distinta coherencia interna del sistema nervioso). Es harto inverosímil que dos individuos presenten un idéntico sistema psico-somático. El patrón de interferencia de las ondas electromagnéticas procedentes del ambiente (incluido el universo) y las ondas pulsantes del propio organismo pueden ser constructivos o destructivos. Esta sería una posible explicación de la facilidad o facultad positiva de ciertos tránsitos (trígonos y sextiles, principalmente) y la relativa dificultad o facultad negativa de otros (oposiciones, cuadraturas y conjunciones).

De lo dicho se colige que, no sólo la radiación proveniente del medio ambiente interfiere con la radiación pulsante sutil emitida por los seres vivos. De hecho, la bio-radiación emitida por los diferentes organismos también interfiere entre sí, de tal manera que la información portada por el área del cerebelo de un ser humano será registrada por el inconsciente de otro y viceversa. Así, verbigracia, cuando un ser humano se halla en un momento de crisis o bifurcación, transmitirá la información de su estado anímico total y, por lo tanto, provocará una interferencia en la radiación emitida y, por ende, en la información, de su prójimo. Esta influencia inconsciente se podrá manifestar en la forma de un fantasma (sueño o visión) y, tras su exégesis, será decodificada, haciéndose accesible a la conciencia. Por el contrario, cuando un individuo está en armonía con su inconsciente (individuado) emitirá la correspondiente información, en forma de ondas sutiles, estimulando la regulación del sistema psico-somático del prójimo.

Resumiendo, el proceso por el que los movimientos planetarios descritos en la carta natal o cosmograma de un ser humano afectan a su organismo y, por ende, a su psique inconsciente es el siguiente: la información portada por las oscilaciones de los campos electromagnéticos terrestres llegan al ser vivo. Esta información es registrada por el núcleo bio-cibernético del holograma, esto es, el área anatómica del cerebelo. Este activa el sistema neurovegetativo y, por lo tanto, repercute en el metabolismo y el sistema de defensa del organismo. A nivel psíquico, es constelado un arquetipo que coincide significativamente con el orden cósmico, originándose una imagen simbólica en forma de fantasma (sueño o visión). Esta imagen se hace accesible a la conciencia, y su decodificación (análisis onírico) por el yo consciente, permite acceder al conocimiento del proceso psicoenergético que subyace en los trasfondos de lo inconsciente colectivo. Con ello, se ajusta o adapta la actitud u orientación de la conciencia, lo que favorece el movimiento análogo, acompasado y sincronístico al ritmo del universo.

Como hemos podido comprobar, la energía (aprehensible por mediación de la imagen simbólica) es solamente la manifestación de la ejecución de una orden recibida por la materia (movimientos planetarios) que se transforma bajo los influjos de la información. Esta lectura, por supuesto, también se puede invertir. Pues el hombre no es sólo pasivo en el registro de la información procedente del medio ambiente, sino que, a su vez, envía información activa a su alrededor. Esta información, como ya se ha insinuado en otro lugar (Ribalta-puig, 1998), podría ser una de las causas de los desastres ecológicos y de los desajustes en determinados ciclos que gobiernan el acontecer de la naturaleza.

El fundamento de este último aserto radica en el orden implicado existente en todo elemento del universo, que permite el procesamiento de la información y su acción formativa sobre su estructura interna. De los ejemplos del holograma, de los campos mórficos y del orden implicado se desprende la existencia de una estructura interna, sutil, que comparten todos los entes del universo. Los eventos sincronísticos (y la sincronicidad), entendidos como una coincidencia significativa entre el microcosmos y el macrocosmos, son aplicables si consideramos que, bajo los estratos de un orden implicado individual, existe un nivel más profundo que contiene, plegada, toda la información del universo (Peat, 1995). Este sería el orden implicado mismo, que en el caso del hombre se refleja en el arquetipo del si-mismo (Jung,1992, 1995).

Los arquetipos en la astrología científica

Los resultados obtenidos dejan abiertas muchas incógnitas y son también innumerables las lagunas que habrán de ser cubiertas en futuras investigaciones. Sin embargo, ha quedado demostrada la validez científica de la astrología, así como la licitud de su incorporación en la psicología arquetipal desarrollada por Jung.

Dado que, de conformidad con lo expuesto, la información proveniente de los movimientos de los cuerpos astrales es accesible a la conciencia, gracias a la constelación de los arquetipos, que coinciden con el orden del universo, el análisis de los contenidos simbólicos de los sueños o imágenes fantásticas serán de gran utilidad para la correcta orientación de la conciencia. Y, a su vez, la interpretación de las energías simbolizadas en el horóscopo auxiliará en la asunción de una actitud coherente con el acontecer psicoenergético que transcurre en el trasfondo de lo inconsciente.

Según la astrología psicológica (Greene, 1987,1988; Sasportas, 1990 y otros) el horóscopo, cosmograma o carta natal es una representación simbólica de las energías que gobiernan la psique del ser humano, un mapa de su estructura anímica. Por lo tanto, este diagrama es un mandala que expresa simbólicamente la personalidad total del individuo, es decir, el si-mismo.

La psicóloga y astróloga Greene (1988), concibe a los planetas, en la carta natal, como arquetipos del inconsciente. Greene distingue entre planetas personales (interiores) y transpersonales (exteriores). Los planetas personales simbolizan energías psíquicas individuales, propias de una psicología individual. En este nivel, las personas se hallan separadas unas de otras, en el sentido de que cada individuo es diferente uno de otro. Es decir, cada persona tiene un horóscopo diferente y cuando se consideran los puntos individuales de la carta, tales como el ascendente, el medio cielo, el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte y Júpiter, todos ellos simbolizan energías, necesidades y características que pertenecen a un individuo. La personalidad de dicho individuo vendría representada por la situación por signo y casa de estos planetas, junto con los aspectos que forman en el horóscopo.

Bajo este primer nivel, se abre un estrato más profundo que representa a lo que Jung denominó inconsciente individual. Esta parte de la personalidad se mantiene en la sombra. Los planetas que pertenecen a este nivel, es decir, Júpiter, Venus y Marte representan la parte constitucional de los complejos y, por ende, la predisposición a vivenciar las experiencias biográficas (Jung,1995). Mercurio es el intermediario entre la conciencia y el inconsciente individual. Saturno sería el arquetipo que se encuentra en la interfase de lo inconsciente individual y colectivo. Se trata del principio limitador y el guardián del umbral, que constriñe al individuo a seguir la senda que le marca su propio destino.

En el nivel más profundo de la psique, en lo inconsciente colectivo, se encuentran representados los arquetipos de Urano, Neptuno y Plutón, los planetas exteriores, transaturninos o, también llamados, transpersonales. Mientras que los planetas interiores informan del temperamento y el potencial del individuo, estos últimos planetas se relacionan con el colectivo al que el individuo pertenece. Sus ciclos son mucho más largos. Así, el de Urano es de ochenta y cuatro años, permaneciendo siete en cada signo; el de Neptuno tarda cerca de ciento sesenta y ocho años en dar una vuelta completa por el Zodíaco, y pasa catorce años, aproximadamente, en cada signo; Plutón, el más excéntrico de todos, emplea doscientos ochenta y cuatro años en recorrer su órbita. Debido a su excentricidad, atraviesa el signo de Escorpio en sólo dieciocho años, mientras que se mueve muy lentamente por Tauro, asentándose en él treinta años.

Los planetas transpersonales están, pues, relacionados con la generación a la que se pertenece, así como con los zeitgeists correspondientes. A pesar de que no existe una demarcación estricta entre dos generaciones, pues se suelen solapar mutuamente, desde un punto de vista astrológico se presentan unas nítidas diferencias entre las distintas actitudes que gobiernan a un grupo de personas, nacidas dentro del intervalo temporal correspondiente al tiempo que cada planeta exterior tarda en recorrer un signo (Greene, 1988). De hecho, Plutón es un arquetipo que se mantiene constelado por un tiempo medio de veinticuatro años, y durante ese período gobernará la actitud de todo el colectivo de una época.

El principal efecto de los planetas exteriores se manifiesta a través de lo inconsciente colectivo. Las energías desencadenadas por la constelación de estos arquetipos no pueden ser controladas o manipuladas por el ego consciente. Su expresión puede llegar a encauzarse con mayor o menor fortuna, siempre que se disponga de un nivel de conciencia suficiente como para acoger positivamente sus contenidos.

Además de los planetas y los doce signos del zodíaco, varios "ingredientes" distintos configuran ese mandala que es la carta natal. Entre ellos, debemos resaltar las casas o sectores, los llamados aspectos y los elementos que tiñen tanto a los signos como a las casas. De acuerdo con Greene (1987), los cuatro elementos de la carta simbolizan las cuatro funciones de la conciencia. El elemento tierra representa a la sensación, el agua al sentimiento, el aire al pensamiento y el fuego a la intuición.

Las casas o sectores son, desde el punto de vista psicológico, las doce áreas en las que se dividen las experiencias humanas. Comenzando por el ascendente (la primera casa) que simboliza la lente con la cual filtramos las experiencias que experimentamos durante nuestra existencia, y por lo tanto, aquello que vemos y buscamos en la vida, hasta la casa doce, relacionada con la trascendencia, el sentimiento de unidad con el resto del universo (misticismo) y la empatía para con toda expresión de vida.

Los aspectos, desde un punto de vista científico, son las interconexiones cuánticas que existen entre los diversos planetas, tal y como se muestran en la carta natal y sus relaciones por signo y casa. Los efectos de los aspectos se pueden explicar atendiendo a la noción de pasadizo o túnel cuántico en el espacio-tiempo. Los aspectos simbolizan la unión entre dos energías (arquetipos) que funcionan en una misma área (casa) o de un modo (signo) semejante, capacitando su expresión conjuntamente. En otras palabras, las interacciones dinámicas entre las diversas energías o arquetipos. Algunos astrólogos los denominan "líneas de fuerza" entre los diversos centros de energía (planetas) dentro del campo energético global simbolizado por la carta natal (Arroyo, 1991).

Finalmente, los signos del zodíaco simbolizan la manera en la que un arquetipo astrológico (planeta) se expresa en el individuo, desde un punto de vista estadístico. Así, por ejemplo, un nacido bajo el signo de Aries, podrá ser débil, falto de energía y vitalidad, deprimido y nada impulsivo, pero las estadísticas confirman que en un porcentaje muy alto los arianos son enérgicos, vitales e impulsivos. Esto mismo es válido para todos y cada uno de los "ingredientes" que configuran el horóscopo de una persona.


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